Disco recopilatorio

Cantigas do Camiño: El Camino de la Música.
Desde los primeros tiempos de esta peregrinación la música fue para el Camino mucho más importante de lo que se pudiera pensar en un principio. Basta contemplar el Pórtico de la Gloria de la catedral compostelana para darse cuenta de que los 24 sabios ancianos que rodean a Cristo en el arco central, portan todos un instrumento musical. En la puerta de las Platerías el bíblico Rey David convertido en piedra toca en un rabel.
No hay partituras escritas de la música que se escuchaba en los primeros años de peregrinación dado que la notación musical estaba en un estado incipiente de desarrollo. Se puede desentrañar vagamente la música asociada al Camino, la que pudieron cantar los romeros o la que pudo tener al Camino como tema de inspiración, como topos, y que conecta directamente con la música de este álbum, Cantigas do Camiño.
Cuando se descubre la tumba del Apóstol Santiago, allá por el año 830, en Iria Flavia, el mundo está a punto de vivir un resurgimiento artístico y cultural importantísimo: el Románico. Carlomagno, para consolidar su imperio, dependiente del papado, había impuesto la liturgia romana del Gregoriano en substitución de los usos visigóticos hispánicos. Como consecuencia, en los monasterios e iglesias que se construyen a lo largo de la ruta Jacobea se introducen en la Hispania los tropos, composiciones libres que se añadieron a las largas melodías gregorianas para memorizarlas y relajarse un poco. De “tropator” derivará a palabra trovador, oficio de componer Cantigas en lengua vernácula.
Con el Románico nacen las lenguas romances, y con ellas, los primeros textos y autores musicales conocidos. Un libro fundamental de la peregrinación es el Liber Sancti Jacobi, conjunto de cinco volúmenes del siglo XII del que se guarda una copia, el llamado Códice Calixtino, atribuido sin clara seguridad al monje Aymeric Picaud y que recoge la liturgia musical catedralicia y otras referencias, como la de la Chanson de Roland, poema épico que relata la batalla perdida por Carlomagno en Roncesvalles cando intentó frenar el avance del Islam. El Islam será también importante para la difusión de los saberes filosóficos y matemáticos, y su música, deleitosa y libre, influirá en la cristiana del Medievo. El Calixtino contiene, además de la primera guía de viaje Jacobea, el llamado canto de Ultreia, himno y código de saludo de los peregrinos, todavía hoy.
Compostela se convierte en los siglos XII y XIII en un centro importantísimo de actividad cultural. A través del Camino llegan noticias y nuevos saberes de París, Flandes o Roma. Aparecen los juglares y troveros, poetas-músicos que hacen versos y cantan en lengua gallego-portuguesa. Algunos, gallegos, como Joan Ayras de Santiago o Pero Amigo de Sevilla, que trabajará en la corte del rey Alfonso X “El Sabio”.
Este monarca, de quien se cree que vivió de niño en castillo de Maceda (Ourense), será impulsor de la recopilación de las Cantigas de Santa María, una colección de textos de milagros marianos con música que contiene, al menos, seis ejemplos de temática Jacobea.
Surge también la música profana que ejercitan los goliardos, clérigos y monjes vagabundos que viajando difunden sus cantos y composiciones. Los célebres Cármina Burana son muestras de cantos goliardescos.
Existirán temas Jacobeos en autos sacramentales, e incluso en la obra de los clásicos del Siglo de Oro: Tirso de Molina escribirá su drama “La Romera de Santiago”. En siglos posteriores florecerá la música popular y tradicional que peregrinos y romeros escucharán en forma de jotas, cantos de siega, cantos de trabajo, bailadas o alalás a lo largo del Camino. Canciones y romances que conocerán decenas de versiones interpretadas también en Provenza, el Piamonte o Cataluña.
Esta música popular será recogida durante los siglos XVIII, XIX y XX en diversos cancioneros franceses, españoles o gallegos. Fruto de esta labor de músicos y estudiosos quizás en años venideros se pueda recuperar alguna tradición perdida, como la de escuchar los cantos de ciego que se ejecutaban al lado de la Puerta Santa compostelana en las décadas finales del siglo XIX.
También podrían tener nueva vida algunos romances jacobeos como el de “Don Gaiferos de Mormaltán”, relato fantástico caballeresco que cuenta la gesta de Guillaume X, duque de Aquitania, peregrino que murió un Viernes Santo justamente tras llegar a su destino, y que fue musicada y grabada por Faustino Santalices en 1949.
Luis Carandell, convertido a cronista del Camino en su libro Ultreia, cuenta que el cáliz que se conserva en O Cebreiro inspiró a Richard Wagner su ópera Parsifal. Es bien conocido el gusto de los grandes compositores por los temas populares así que no debe ser tan raro que se recuperen en este álbum algunos clásicos jacobeos como el Romance de Don Gaiferos, que se cante en latín, o que se tomen “prestados” elementos de la liturgia compostelana, como es el himno Dum Paterfamilias. Es simplemente la recuperación de una tradición, la de hacer música con temática romera, que puede tener unos mil años.
Los trovadores de ahora, los goliardos, juglares, poetas, cantantes y bailadores gallegos del Año Santo de 2010, están en este disco recopilados de la misma forma que se compiló el Códice Calixtino, más o menos entre 1140 y 1170. Para que no surjan dudas de cara a los próximos mil años, los autores e intérpretes tienen nombre y apellidos, y son, por orden alfabético, los que siguen: Berrogüetto, Bonovo, Emilio Rúa, Faltriqueira, Fuxan os Ventos, Guadi Galego, Leilía, Luar na Lubre, Milladoiro, Romero, Sondeseu, Susana Seivane, Treixadura, Uxía y Zeca Medeiros. Estas Cantigas volverán a tener vida un año más a través del cauce de estrellas que perfilan la Vía Láctea, a través de su Música, a través del Camino: el Camino de la Música.
Xoán Luaces Fandiño, enero 2010